Impulsamos un nuevo modelo ecosocial

La Alianza Más Allá del Crecimiento propone debates y acciones para ir avanzando en un nuevo modelo ecosocial que trascienda la dependencia del crecimiento económico como paradigma de bienestar social, consciente de que se debe ir más allá de las políticas de sostenibilidad hasta ahora aplicadas.

Únete a nosotros en esta transformación.

Sobre la Alianza Más Allá del Crecimiento

I. CONTEXTO

Nos encontramos en una crítica encrujicada con una intrincada red de desafíos interconectados (ecológico, sanitario, alimentario, etc…) todos ellos multiplicados por la creciente amenaza del cambio climático, una situación de inestabilidad global que genera inseguridad y que exigiría una profunda reevaluación de los vigentes modelos de pensamiento y acción,  de los principios y paradigmas que rigen al menos en el Norte Global.

Las actuales estructuras geopolíticas, ancladas en la competencia interestatal por el poder y el control de los recursos todas ellas basadas en un imaginario de crecimiento económico permanente, demuestran una alarmante incapacidad para abordar estas crisis sistémicas. En este sentido, cabría preguntarse si todas estas crisis están provocando otra global relativa a la legitimidad de un sistema patriarcal, productivista y capitalista, que como el actual no cuida a la gente ni al planeta. En este contexto emerge la necesidad imperante de un nuevo enfoque, de una nueva perspectiva ecosocial que integre la Economía y el bienestar social en la Ecología como pilares fundamentales de estabilidad.

Porque la salud del planeta y el bienestar de la humanidad no son objetivos contrapuestos sino intrínsecamente interdependientes. Ignorar los límites ecológicos del planeta incrementa las brechas de desigualdad existente socavando la seguridad global.

II. BASES PARA UN NUEVO MODELO ECOSOCIAL

La transición hacia un nuevo modelo ecosocial basado en la equidad, la armonía ecológica y la cooperación no es opcional, debe darse si queremos un futuro más seguro y justo para todos y todas, aunque esto entre en colisión con las estructuras oligárquicas del sistema dominante.

El actual momento exige un nuevo marco cultural, civilizatorio, de relaciones entre sociedad y naturaleza en el cual deben deconstruirse mitos como el de la competencia, la producción y el del relato de permanente crecimiento como paradigmas sociales, un relato donde se entiende que lo civilizado es ir contra la naturaleza, la cual se concibe erróneamente que está a nuestro servicio, justificando así el extractivismo y los colonialismos señas de identidad del capitalismo.

Pero la tozuda realidad, avalada por la Ciencia desde hace ya más de 50 años[1], cuestiona estos prejuicios demostrando que ese relato de permanente crecimiento choca con la realidad del carácter finito de los recursos, un choque que no ha sido resuelto con la eficacia exigida a pesar de las insuficientes ( y fallidas ) políticas de crecimiento verde, desarrollo sostenible y hoy transición ecológica que se han planteado bajo la misma escala de valores que de los problemas que pretenden solucionar y esta insuficiencia la demuestra si nos atenemos a que actualmente estamos ante los peores indicadores ecosociales de la historia[2] .

El necesario cambio implica retos de gran trascendencia y empieza por atender a un nuevo equilibrio de objetivos a corto y largo plazo para ir avanzando en una ecointegración donde se prime el valor de uso sobre el de cambio y donde se planifique, mirando al interés común, la reducción de determinados flujos metabólicos de energía y materiales, un decrecimiento que no puede hacerse sin cambiar las reglas del juego que mueven estos flujos. Una economía de la suficiencia donde desaprender (olvidar mitos); desmaterializar, desmercantilizar y descentralizar, y que abandone el PIB como métrica principal de supuesta calidad de vida, que planifique la contracción buscando redistribuir incentivando los servicios públicos y bienes comunes garantizando así los derechos y las necesidades básicas de la ciudadanía.

III. ESTRATEGIA

Pero la configuración e implementación de este nuevo modelo global Más Allá del Crecimiento donde integrar decrecimientos selectivos explicados a la población como herramientas de equilibrio y esperanza, no tiene una única hoja de ruta. Es preciso buscar lugares comunes para confluir donde se rehúyan estériles debates segregadores y se dé prioridad a lo que nos une (la necesidad de cambio radical) sobre los detalles que separan.

Para ello es esencial generalizar este debate, llevarlo a donde no esté y también salir de ciertas endogamias académicas o activistas que dificultan esta generalización; es decir, atender más la justificación de la necesidad del cambio que a los calificativos que podrían definirlo. Solo así podremos hacer políticamente factible lo que es necesario a nivel ecosocial.

Es imprescindible pues, abrir un proceso en torno a ir más allá del crecimiento como paradigma, si bien un hecho de tal envergadura requiere de otras estrategias de las que hasta ahora hemos aplicado.

El priorizar este proceso exogámico es tender a la unidad desde la diversidad para la creación de nuevas hegemonías en base a esos denominadores comunes que nos unen y tendiendo al posicionamiento público desde la extensión a toda la sociedad civil dispuesta a hacer autocríticas, que también son críticas.

Y esto es también lo que pretendemos en la Alianza Más Allá del Crecimiento, una Plataforma de organizaciones sociales de distintas naturalezas (economistas, ecologistas, jóvenes científicos, sindicatos, de cooperación, etc…), en la creencia firme de que la configuración de dinámicas postcrecentistas deben alimentar posicionamientos políticos con identidad propia que superen los fallidos planteamientos del crecimiento verde y en clara oposición de la deriva reaccionaria que tiende a un control oligárquico con tintes ecofascistas de los recursos naturales. 

Estas ideas están proyectadas con Propuestas concretas en nuestro Manifiesto.


[1] Informe Meadows: Los Límites del Crecimiento 1972  (y también otros documentos estratégicos).

[2] Según los Paneles Internaciones IPCC y IPBES, y del Instituto de resiliencia de Estocolmo, así como de otros organismos internacionales independientes.

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